Dos grandes conciertos en el Festival. Y dos grandes momentos.
De Hersch nunca había oído nada, y lo que al principio me avergonzaba, no conocer al que puede ser uno de los más influyentes pianistas de la actualidad (por lo visto fue profesor de Brad Meldhau), se fue transformando a lo largo del concierto en la alegría de saber que aun no he perdido la capacidad de fascinarme y la ilusión de encontrar un nuevo músico al que seguir. Me compre un cd. (Si quieres una reseña más profesional del concierto pincha aquí)
Nunca había visto a Lizz Wright en directo y si ya es buena en sus cd, en directo impresiona todavía más. Le sobra voz y canta con la confianza de la que sabe que tiene talento. Me sorprendió el aroma country de algunos de los temas, sobre todo la guitarra. En definitiva, fue una mezcla de jazz, gospel y country que me evocaba a pequeños pueblos del sur de Norteamérica (vamos, a lo que yo creo que deben ser esos pueblos del sur de Norteamérica porque nunca he estado en ninguno). Volví a casa con un nuevo cd.
Dos magníficos artistas que me hicieron pasar dos estupendos ratos en los que dejé de pensar, como nos aconsejó la señorita Wright al inicio de su actuación. Dos ratos para abandonarse a la poderosa sensibilidad de la buena música.

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